miércoles, 26 de junio de 2013

16/02/2013

Ayer observé su espalda.
Su camiseta, cruel carcelera, decidió ayer dejarle en libertad.
Se posó suavemente sobre la cama, acomodando sus músculos y dejando paso a mis manos y a mi imaginación.
La tenue luz de una pequeña vela blanca, acariciaba su piel, y la coloreaba a la vez.
Fueron solo unos segundos, pero
lo recuerdo tan bien como si fuera ayer...

Observé su espalda.
Y sólo deseaba perderme en ella, con mis ojos, mis manos y mi boca.
Estremecían los pasos de mi lengua su piel y removía su cuerpo.
Y le dejé caricias que solo las yemas de mis dedos sabían hacer, y recuerdos que solo mis uñas podían plasmarle.
Y dejé en su cuerpo mis sueños, más soñados.
Y le dibujé besos calientes que ya se le habrán enfriado.
Y le susurré palabras que ya se le habrán esfumado.
Observé su espalda ayer, y ayer es pasado.



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