martes, 29 de enero de 2013


Se cierra la puerta.
Apoyando la cabeza contra el frío cristal, como intentado congelar sus dudas, todo se torna oscuro por dos segundos, quizás tres, para luego volver a tomar las cosas su color de siempre.

Un suspiro y a caminar, que para pensar siempre hay tiempo.

Un rostro insípido que observa casi cada detalle, silencioso, camuflado, que intenta mover sus músculos y busca pasivamente su vía de escape...
Y la encuentra refugiada entre líneas de letras.
Y se zambulle en ellas moviéndolas a su gusto, colocando puntos y comas a placer.
Enmarcando la obra en un mar blanco,
donde nadan sus delirios, convertidos en sirenas,
donde danzan sus dudas como algas movidas por la marea.
Cuando se ahoga de respirar, en donde se sumerge para abrir sus pulmones.
Cuando se cansa de caminar, en donde flota o se hunde.

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